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Los bebés no van al baño

Publicado: 2012-07-31

Lourdes Ruiz Chunga

* Mamacita invitada

Se habla mucho de las personas que no son consideradas en el diseño de los espacios públicos, como las personas con discapacidad y los adultos mayores. Sin embargo, existe otro grupo en el que nadie ha reparado: los bebés.

En mis pocos meses de experiencia como madre primeriza, he descubierto que muchos de los lugares donde nos gustaba compartir a mi esposo y a mí antes de la llegada de Salvador, no están, de ninguna manera, preparados para acogerlo.

En esta oportunidad, quisiera resaltar el espacio de los baños. Todos sabemos que los bebés pequeños requieren cambios de pañal más o menos constantes. A mi esposo y a mí nos gusta ir a tomar café pero las cafeterías son los lugares menos pensados para madres con niños tan pequeños. Los baños no tienen cambiadores de pañal y el espacio es tan pequeño que es imposible entrar con el coche para cambiarlo por lo menos allí. En una ocasión tuve que colocar el cambiador en el piso y poner a Salvador ahí para cambiarle el pañal.

Otro caso son los restaurantes, que si bien son espacios considerados familiares, tampoco están pensados para los bebés. En este caso, los baños son grandes, incluso hay varios inodoros, y tienen varios lavatorios, pero no hay espacio acondicionado para cambiar el pañal al bebé. En estos casos tienes dos opciones: o pones el cambiador en el piso o si los inodoros tienen tapa, cierras la tapa y lo pones sobre eso, tal y como posteó hace poco una amiga en mi facebook al hacer yo un comentario público al respecto.

Otro caso son los supermercados. Si bien la mayoría de ellos ha pensado en la conveniencia de contar con un cambiador en el baño de mujeres, si éste se malogra no tienen el mayor interés en reemplazarlo. Esto me pasó hace poco en un conocido supermercado ubicado en Canaval y Moreyra en San Isidro. Ingresé presurosa al baño para cambiar a Salvador y grande fue mi sorpresa al encontrar que el cambiador que había usado hacía pocas semanas ya no existía. Quedaban los huecos en la pared como mudos testigos de que “algo” se había instalado allí. Incluso me encontré con una trabajadora del hogar cambiando el pañal a un niño de pie, parado sobre los lavatorios. Al verme, se corrió un poco para que yo pudiera poner a Salvador sobre la única superficie plana que había.

Hasta ahora me he referido a lugares de inversión privada, pero los espacios públicos tampoco se salvan de esto. Hace unos días decidimos llevar a Salvador con sus primas al Museo para observarlo en su primera experiencia visitando un espacio diferente a lo cotidiano. Los baños han sido restaurados y lucen muy modernos pero no han tomado en cuenta un detalle: el cambiador. En esta ocasión, encontré un espacio bajo una ventana un poco ancho donde podía colocarlo para revisar su pañal.

Imagino que los baños públicos de los parques, bibliotecas, centros culturales, teatros y demás, tampoco consideran que los bebés sean un público al que haya que atender. Y es que no piensan en ellos porque no han considerado que es una comodidad para los padres que por distintas circunstancias, no pueden dejar a su bebé en casa.

Es increíble la cantidad de malabares que una madre tiene que hacer para cambiarle un pañal a su bebé en las condiciones descritas.

Un asunto aparte es que los pocos espacios que cuentan con cambiador, no hayan pensado en colocar uno también en el baño de hombres, lo cual es claro símbolo de la desigualdad por un lado, y por otro de un retrógrada pensamiento machista. Como mi esposo, cada vez son más los hombres que se involucran en la crianza de los bebés, preparan biberones, papilla y por supuesto, cambian pañales. Esto se agrava si consideramos que en ciertas circunstancias, los padres salen a pasear con sus bebés y se ven en la misma necesidad que las madres: tener un espacio adecuado para cambiar a un bebé.

Para aquellos que gustan de los datos, les cuento que según el XI Censo de Población del año 2007, sólo en Lima, las niñas y los niños menores de 1 año de edad son casi 118 mil, y las niñas y los niños de 1 a 4 años de edad alcanzan los 517 mil. Ya que al parecer los infantes como seres individuales valen muy poco porque no tributan y no tienen capacidad adquisitiva, deberían considerar que tales cifras se duplican si hablamos de las madres y los padres detrás de esos pequeños, quienes sí tributan y tienen capacidad adquisitiva.

Ahora el baño es sólo una las tantas cosas que habría que adaptar en los espacios de dominio público. Otra son las sillas de comer, que he notado que algunos restaurantes sólo tienen para niñas y niños mayores de 2 años. Para los que no saben, los infantes empiezan a comer a partir de los 6 meses, y aunque no consuman pollo a la brasa, cebiche o comida criolla, también tienen derecho a contar con un espacio propio donde puedan alimentarse. Al fin y al cabo, los padres sí consumen por lo que los restaurantes debieran tenerlo en cuenta.

Cuando uno sale de casa, busca lugares para la diversión y el ocio, pero las condiciones descritas a lo largo de este post, generan estrés y molestia cuando debiera ser todo lo contario.

Considero que los gobiernos municipales deben acondicionar los espacios públicos para el disfrute de padres con niños pequeños, lo cual no demandaría una gran inversión. Incluso podría implementarse como requisito para otorgar licencias de funcionamiento que los baños públicos cuenten con cambiadores y/o espacios acondicionados para tal fin.

Cuando veo a Salvador y su carita de incomodidad al pasar por estos inconvenientes cuando vamos a pasear, me siento como si la ciudad no estuviera preparada para recibirlo, para acogerlo, para atenderlo. Como ya cumple 6 meses, balbucea y frunce el ceño cuando algo le molesta, y me expresa de manera enérgica su fastidio. Pero yo lo único que puedo hacer es abrazarlo, pues no tengo como explicarle que la ciudad en la que ha nacido, no está preparada para verlo crecer, ni para acoger cada uno de los momentos maravillosos que sólo en casa, me puede regalar.

Sé que los niños casi no recuerdan estas cosas, y cuando crezca ya lo habrá olvidado. Pero a mí no se me olvida esa sensación de inseguridad y de insalubridad que te hacen sentir algunos espacios públicos donde no tienen consideración para con un ser humano pequeñito, que aún no puede hacer algunas cosas por sí mismo, pero que tiene derecho a disfrutarlas tanto como sus padres.

* Lourdes Ruiz Chunga de Seminario, 36 años, Licenciada de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Actualmente soy empleada pública del Ministerio de Agricultura.


Escrito por

mamacitas

Cuando uno es mamá o papá aprende a reconocer que no puede sola/o y que necesita el apoyo de muchas personas. Por eso nace MAMACITAS. Para que compartas lo que hiciste para resolver los mil y un retos de la maternidad. Para que cuentes eso que nadie cuenta.


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