La eliminación de los exámenes de ingreso: ¿Qué sigue?. Una entrevista con León Trahtemberg

Publicado: 2012-12-14

Por Paola Ugaz*

Los temidos examenes de ingreso. La presión de la evaluación a un niño de 3 años. El agobio de los padres. La demanda, la oferta, el estrés y la frustración.

El ministerio de Educación acaba de aprobar la eliminación de la evaluación a los niños de 3 años. ¿Esta medida ayudará o no ayudará a acabar con un problema tan extendido?

A propósito de ello, realizamos una entrevista al especialista en educación León Trahtemberg, quien en el 2001 recibió las Palmas Magisteriales en grado de “Amauta”, Ministerio de Educación y forma parte de la Consultora Díaz, Lerner Trahtemberg.

¿Cómo trabajar una alternativa que no sea traumática para padres e hijos de los exámenes de ingreso al colegio?

Los exámenes de ingreso son como espejos de la ideología de los colegio. Por ejemplo, un examen que pretende detectar y eliminar a un alumno que tiene dificultades de concentración, o cierta inmadurez en un área de aprendizaje, o alguna limitación verbal, etc. lo que está diciendo en el fondo es que en caso de admitir al niño, el colegio no hará nada por sacarlo adelante el día que alguna de esas características aparezcan en su actividad escolar.

Les dirá a los padres que lo lleven a una terapia o que lo saquen del colegio.

En cambio, un colegio que admite a una población heterogénea de niños, suponiendo que sea un colegio serio,  está evidenciando su disposición a reconocer que la normalidad de los niños es un espectro bastante amplio de habilidades y que el rol del colegio es recibirlos como son, aceptarlos como niños diferentes uno del otro, y sacarlos adelante.

Me sorprende que los padres que someten a sus hijos a tortuosas evaluaciones de ingreso a los colegios no entiendan que no se trata solo del examen de ingreso, sino de la aproximación total del colegio hacia el niño que durará por toda su vida escolar.

¿Qué se debe evaluar y que crees que no se debe hacer a los 3 años?

Una cosa es evaluar para escoger niños y diferenciar al “bueno” del “malo”, y otra cosa es evaluar para conocer y a partir de eso acompañar al alumno en sus características individuales para sacarlo adelante. En este segundo caso en realidad no importan tanto las pruebas que se tomen porque el colegio serio  escogerá las que apoyen más el buen desarrollo del niño.

El sistema educativo peruano mide a los colegios en 3 categorías: seguimiento emocional, bullying y rendimiento académico. ¿Considera que es un modelo adecuado para evaluar la educación peruana?

El sistema educativo peruano está sin brújula. Cree que la educación puede ser sustituida por normas y sanciones olvidándose por ejemplo en el tema del bullying, que el agresor también es alumno del sistema educativo y que el rol del colegio es recuperarlo y sacarlo adelante, y no solamente detectarlo y eliminarlo. Si al niño que tiene problemas que se expresan con la agresión y abuso a los débiles (bullying) y no se hace nada con él para rescatarlo de su mala conducta, ¿qué será de su vida? ¿quién se ocupará de lograr que modifique su conducta? ¿la calle? ¿las pandillas? ¿las mafias? Por no recuperarlo en su vida escolar, incrementarás su potencial de convertirse en un severo problema social como adolescente o adulto. El fin del sistema educativo no es escoger desde pequeños y condenar a los niños que irán a la cárcel.

En cuanto al rendimiento académico, no hay ninguna evidencia de que sacar buenas notas en el colegio sea equivalente a una garantía de que la persona será exitosa y feliz. Pregúntenle a Abimael Guzmán y Vladimiro Montesinos, por mencionar algunos notables. O a la inversa, egresados con excelentes notas que terminan drogándose, destruyendo sus familias y trabajos.

El trabajo emocional, afectivo, social es cuando menos tan importante como el académico, pero el plan de estudios y currículo escolar estatal y de buena parte del mundo privado no dedica a eso ni tiempo ni personal calificado.

¿Que errores cometen los padres al escoger el colegio para su hijo?

Creer que sus hijos deben llenar las expectativas de los padres sobre el “club social” al que quieren pertenecer, o el tipo de desempeño que acomoda a los padres, en lugar de pensar cómo son sus hijos, qué es lo mejor para su propio desarrollo y bajo qué condiciones podrían adquirir las habilidades y herramientas de aprendizaje que les permitan tener éxito en el siglo XXI.

Otro error consiste en asociar el costo de la pensión con la calidad.  Si bien hay colegios que para poder financiar una buena educación deben cobrar lo que esta cuesta, -que es bastante-, el solo hecho que cobren montos elevados en relación a sus equivalentes no significa que están dando una educación de calidad. La analogía es con los restaurantes o clínicas que cobran caro pero hacen un trabajo deficiente, comparado con médicos y clínicas o restaurantes  menos costosos pero que ofrecen un servicio de alta calidad.

¿Qué tipo de profesor es el ideal o el que cada padre debería reclamar o pelear para tener?

No hay profesor ideal, como no hay padre, madre o abuelo ideal. Lo que hay son profesores y profesoras “suficientemente buenos” como para que ser figuras de anclaje positivo para los niños y niñas, fuente de identificación, inspiración y fortaleza para que los niños se identifiquen con ellos y anclados en ello puedan desplegar sus capacidades, cultivar sus habilidades y salir adelante en las situaciones que ponen a prueba su integridad y fortaleza personal.  Lo interesante del asunto es que ese profesor o profesora no necesariamente es el mismo para todos los alumnos, porque cada uno puede tener características personales que requieren otro tipo de mentor. Por decirlo en términos muy simples, un niño desordenado y disperso necesita un profesor que lo ayude a ordenarse y organizarse, pero un niño muy rígido y temeroso de “salirse de la raya” necesita un profesor que le ayude a salir de esa rigidez y apego a las normas cerradas e inflexibles.

Por eso es que más que tener un profesor brillante, los colegios necesitan equipos brillantes de modo que cada alumno encuentre en cada momento de su vida al profesor o la profesora que lo ayude en su necesidad particular.

¿Con que herramientas un alumno es feliz en su clase?

Depende de cada alumno y depende de cada momento o situación de su vida.  Por ejemplo para un niño usualmente solitario, excluido, abandonado por sus padres, celebrarle un cumpleaños en el colegio convirtiéndolo en el personaje central de su salón  -aunque sea por un día- puede ser una inyección de amor y felicidad que le dé el soporte inicial para luego tolerar los malos momentos de su vida o familia. Por otro lado, un alumno que usualmente es pedante y vanidoso necesita vivir la experiencia de ser “perdedor” en clase, para aprender a aceptar los distintos avatares de la vida. En el momento de la derrota, se sentirá frustrado, infeliz, pero pasado eso, lo que habrá aprendido en términos de humildad, modestia y tolerancia al fracaso, le ayudará a ser feliz en la vida.

En suma, no hay recetas para la buena educación y la garantía de felicidad de los niños. Por eso es que cuando uno escoge un colegio, debe hacerlo pensando en que el equipo docente que tiene cuenta con la experiencia y disposición para sacar adelante a cada alumno según sus propias características y necesidades, y eso no pasa por evaluar a los niños postulantes a un colegio para decidir quién aprueba y quién no.

*mamacita residente